jueves, 25 de junio de 2009


El, vos, yo, ellos, nosotros…


Desmonte: ¿quién se hace cargo?

La exterminación indiscriminada de la flora, la falta de lluvias y de legislación son algunos de los factores que conducen a la región a una desertificación. La impronta de una mayor producción sin pensar a futuro y una visión inmediata conducen a una cruda realidad. Causas y consecuencias de una panacea productiva. ¿Quién se hace cargo?


////// Por Marcos Saldaña //////


Más allá de ser una región cautivante en extensión geográfica, con variedad climática y de recursos, la zona norte de la patagonia, esta atravesando por uno de los escenarios más difíciles de toda la historia, comparada con la de 1962.


Una extensa sequía azota la región, causada por la intervención del hombre en el medio ambiente lo que conlleva un aumento considerado de la temperatura y una desertificación prolongada.


Lo cierto es que este escenario esta presente, no sólo en esta zona, sino en varios puntos del país. Ahora ¿quién se hace cargo de ello? Unos dicen que es culpa del clima, otros la falta de legislación que controle los desmontes, otros la mala utilización de los suelos y otros quien sabe qué.
En estos casos las responsabilidades empiezan a recaer sobre diversos sectores, como ocurre de costumbre, pero ¿quiénes son realmente los responsables?.
Esa es una respuesta que intentaremos descifrar o al menos alcanzar.


Este proceso de desmonte se viene dando desde hace varios años en las zonas regionales, puesto que la producción es el pilar de la economía y el “desarrollo”.
Ello sin dudas es la excusa para generar más siembras, más cosechas y más entrada de dinero, que tal vez, en su momento, dio resultado. Pero la realidad hoy por hoy lo demuestra claramente, y por eso no se puede negar que lo que fue un auge económico hoy es un dolor de cabeza para muchos.


“Esto no es nada del otro mundo”, dijo Pedro, ex peón de campo y actual albañil. “El patrón que yo tenía ha desmontado casi por completo su campo, se salvaron los canteros que tenía afuera de su casa”, contó entre risas.
“Yo trabajé casi toda mi vida

en el campo, y cuando él desmontó el suyo, tuvimos mucho trabajo porque era buena la cosecha, pero ahora estoy sin empleo desde hace dos años y pico porque no llueve; esta todo seco, no hay pastos, no quedó nada”, afirmó, y con tono de pena concluyó: “No se para que tanto han desmontado si ahora eso no sirve de nada”.

“Ahora estoy sin empleo desde hace dos años y pico porque no llueve, esta todo seco, no hay pastos, no quedó nada” (Pedro, ex peón de campo).

No soy yo, sos vos…

La falta de lluvias, consecuencia de dicho fenómeno de exterminio de flora, esta llevando a una desertificación y desgaste de los suelos. A ello se le suman los vientos que arrasan con las propiedades fértiles de la tierra generando medanos de arena en los campos.

Esta situación no sólo afecta la producción sino además al desarrollo demográfico y el clima.
El desmonte constante es un problema complejo que ya ha ocupado el centro de la polémica, tanto en el ámbito legislativo como productivo. El fuerte impacto ambiental ya se empieza a notar con los cambios en el aspecto geográfico.

Con sólo recorrer las rutas del sudoeste bonaerense y rionegrino nos damos cuenta a simple vista de estos cambios, con paisajes alarmantes. Pero la realidad se encrudece aún más en cada una de las extensiones de los campos, donde ya no se ven arbustos y sí arena por doquier.

Las responsabilidades cruzadas pueden graficarse en dos frases: una lanzada por un productor que dijo: “La sequía y las políticas equivocadas dejaron maltrecho al productor”, y otra dicha por un funcionario que aseguraba que “los productores arrasaron con un gran porcentaje de monte”.

La fiebre del desmonte en Patagones

El proceso de degradación del monte nativo y las prácticas de sembrado en zonas inadaptadas para determinados cultivos en el Partido de Patagones no es actual, sino que se viene dando progresivamente con la estabilización de la agricultura y la ganadería como ejes del desarrollo económico y social.

En este contexto, de desmonte y sequía, de un total aproximado de 1, 2 millones de hectáreas que hay en todo el Partido de Patagones, poco más de 500 mil están afectadas, número que irá aumentando con el correr de los meses.

Datos recabados de un informe realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria - INTA – demuestran un aumento en la pérdida del monte nativo. Ya en 1975 sólo se registraba un 65 por ciento de monte natural. En 1987, quedaba un total aproximado de un 53 por ciento. En tanto, en ese transcurso, hasta el año 1999 sólo se registró un 9 por ciento menos de monte, es decir que en esa época quedaba sólo un 44 por ciento, mientras que en el año 2004 ya se registraba menos del 40 y en 2007 sólo un 32 por ciento de monte nativo.

Actualmente ese porcentaje es alarmante, puesto que en la actualidad sólo queda menos del 30 por ciento de monte nativo; el resto fue exterminado para la producción agrícola y ganadera.

A este desmonte desmedido se le agrega la degradación de los suelos, que van perdiendo sus propiedades fértiles a causa de la saturación de cultivos y la erosión eólica que arrastra todo a su paso y desertifica los suelos.

Datos que alarman
· En Nuestro país se pierden 821 hectáreas de monte y bosque nativo por día.
· Registra una tasa de deforestación 6 veces mayor que la del promedio mundial.
· Entre el 2004 y el 2006 el fenómeno del desmonte creció más del 40 por ciento, respecto del período de 1998 a 2002.
· La tala indiscriminada terminó con más de 1 millón de hectáreas (la mayoría de ellas ahora son fuente de producción sojera).
· La venta de plaguicidas aumentó considerablemente en los últimos años.
· A ello se le suman, los contundentes cambios climáticos y la aparición de plagas.
· En la provincia de Río Negro, se duplico la superficie desmontada en tan sólo 6 años.
Nota de Opinion
Una mano en contra

No es un castigo de Dios ni tampoco una ocasión de la naturaleza, sino que se trata nada más ni nada menos que de la intervención del hombre en el ambiente.
Algo claro, que recién hoy se ve, pero que por décadas no ha sido visto como una amenaza para la naturaleza, sino más bien como un avance tecnológico y desarrollista.
A ello se le suma el impulso del sistema capitalista que apunta al desarrollo de algunos sectores, y desgraciadamente el no desarrollo y exclusión de otros.
Las nuevas pestes, las sequías, los terremotos, las inundaciones, los cambios drásticos de la temperatura, son las consecuencias de la mano del hombre.
En este caso, el desmonte configura un daño casi irreversible en la naturaleza. Cuando no se respetan los patrones y condiciones naturales, es decir cuando no se vuelve a forestar, los cambios son rotundos y prolongados.
Ahora bien, esa visión a corto plazo de quienes pensaron y aún lo hacen, en generar más producción y ganar más dinero generando más tierras explotables y quitando monte nativo, es ahora devastada por sus propias intervenciones en el medio natural y un dolor de cabeza diario para muchos.
¿Qué se puede hacer ahora? ¿Esperar que la madre naturaleza traiga consigo lluvias torrenciales? Más bien, deberíamos empezar, aunque sea en parte, a generar una conciencia colectiva de medio ambiente, pensando a largo plazo y cambiando esa visión mezquina y la impronta de generar mayores ingresos.


FOTOS: Evangelina Martínez