domingo, 9 de noviembre de 2008

La enigmática (des)aparición de Jobina González

Por Rolando Arrizabalaga



La historia de Jobina González, cordobesa de pura cepa, puede dividirse en dos partes: primero su vida normal y corriente hasta los 34 años en un campo de Córdoba junto a su marido y seis hijos y una segunda parte que empieza 33 años después de su supuesta muerte ocurrida en un a víspera de Navidad de 1975.

Cuando aquel farol marca "Sol de noche" explotó sobre la espalda de Jobina Eduviges González, un 23 de diciembre de 1975, la vida de la mujer cambió para siempre pero lo que nadie imaginó es que también modificaría la vida de sus seis hijos treinta y tres años después, venciendo las barreras del tiempo que indefectiblemente la muerte trae consigo.
Hasta ese momento Jobina vivía con su marido y sus seis hijos en una vida que no tenía nada de extraordinario más que la búsqueda de la felicidad y del día a día.
La explosión del artefacto, ocurrida una calurosa noche en un campo de la provincia de Córdoba, quemó gran parte de la espalda y el cuello de Jovina.
Inmediatamente fue trasladada a un hospital de Córdoba capital donde fue atendida por los médicos de turno quienes evaluaron la gravedad de las quemaduras y decidieron el traslado al Instituto del Quemado, en la Capital Federal.
Pasaron los días cargados de angustia donde los familiares de Jovina esperaron ansiosamente y rezaron por la vida de la mujer. Pero las noticias no fueron buenas: antes del año nuevo de 1975 recibieron la triste noticia de que la mujer, por las graves quemaduras había muerto, y junto con la noticias recibieron un ataúd sellado con la indicación de que adentro estaba el cuerpo de quién en vida fuese Jobina Eduviges Gonzalez junto a la prohibición de abrir el féretro.
Ese mismo cajón fue velado y enterrado en un cementerio cordobés, donde se encuentra hasta hoy.

Con el tiempo el marido de Jovina, propietario de una importante extensión de campos, dedicó su vida a criar a sus seis hijos de 16, 14, 12, 8, 6 y 2 años, huérfanos de madre mientras se acostumbraba a la extraña y triste costumbre de estar solo.

La búsqueda

El tiempo, reza el dicho popular, suele curar heridas pero también deparar sorpresas. Treinta y tres años después de su muerte, Jobina volvía a estar más presente que nunca en la vida de sus familiares.
En febrero de este año una de las hijas de Jobina, Marcela, viajó a Carmen de Patagones atrás de una ilusión descarnada: según un aviso su madre estaría viva en el partido más austral de la provincia de Buenos Aires.
"Sólo Dios sabe como estoy", fue lo primero que me dijo Marcela resumiendo su estado de ánimo cuando hablo conmigo en febrero pasado.

El encuentro fue en un bar-restaurante frente a la plaza Villarino. Mientras Patagones se preparaba para conmemorar la gesta del 7 de Marzo de 1827, Marcela me contaba de su propia gesta, íntima y dolorosa: la de buscar a su madre a quién creía muerta desde hacía treinta y tres años atrás en una fría y despojada sala del Instituto del Quemado, en Buenos Aires.

La llegada de Marcela junto a su marido y otro hermano a Carmen de Patagones tuvo su origen el domingo 10 de febrero de este año. Ese día "alguien" dejó un mensaje telefónico en un popular programa de Córdoba capital: Jobina estaba viva y había sido vista en la zona de Cardenal Cagliero, partido de Patagones, trabajando en un campo. Ese mensaje fue escuchado fortuitamente por un primo de los hijos de Jobina e inmediatamente el rumor corrió entre los hermanos.

Al día siguiente Marcela, la hija menor de Jobina, fue a la radio con la desesperación de confirmar o desestimar la información y habló con una de las productoras del programa.
"Mirá, yo recuerdo que ese llamado entró pero la gente de limpieza ya tiró los papelitos", fue la respuesta de la joven y la incertidumbre se transformó en certeza para Marcela: mamá Jobina debía estar viva y ella la iba a encontrar.

Así, de buenas a primeras y con lo puesto, Marcela junto a su marido y su hermano emprendieron el viaje hacia Cardenal Cagliero.

Tras los pasos de un fantasma

El viaje desde Córdoba capital hasta el sur de la provincia de Buenos Aires estuvo cargado de silencios y preguntas internas. ¿Sería cierto? ¿Estaría viva como decían? ¿Todo se trataría de un malentendido o, peor aún, de una broma de mal gusto?.
Horas, con la cabeza apoyada en la ventanilla y la mirada perdida en los campos que quedaban atrás, Marcela intentó revivir todos esos años pasados.
Con la angustia y al mismo tiempo la esperanza cargadas en el corazón llegaron a Bahía Blanca y allí el destino, o vaya uno a saber que les dio un nuevo indicio sobre Jobina.

Todo sucedió en una gomería de las afueras de la ciudad. El acento cordobés fue el gancho para que el gomero iniciara la conversación preguntando si viajaban a Bahía San Blas, lugar turístico ubicado en el partido de Patagones y conocido como el "paraíso de los pescadores".
El marido de Marcela le dijo que no, que en realidad estaban buscando a una mujer de unos 65 años, con la espalda y parte del cuello quemados y que les habían dicho que andaba por la zona.
La respuesta del gomero fue un silencio de asombro para después contarles que un día estaba mezclando querosén con nafta y un amigo le dijo: "No hagas eso a ver si te pasa lo mismo que a esa señora a la que se le explotó el "Sol de noche".

El tramo siguiente de la conversación tuvo a Marcela, que bajó corriendo del auto, su marido y otro hermano como protagonistas exclusivos, con preguntas ansiosas.
El hombre de la gomería les contó que una vez, no hacía mucho, había visto a una mujer con esas características en un campo cerca de Cardenal Cagliero aunque no recordaba muy bien por donde.

Los cordobeses, con el corazón galopando en el pecho, recorrieron los casi 300 kilómetros que separan Bahía Blanca de Cardenal Cagliero con la ilusión creciente de encontrar finalmente a Jobina.

Indicios que se esfuman

La búsqueda de una mujer de aproximadamente 67 años alta, de ojos negros y algo gorda se extendió por Cardenal Cagliero y los campos aledaños. Durante días los tres familiares de Jobina recorrieron campo por campo buscando los jirones de una historia que tenía su inicio 33 años atrás. Hasta que un hombre, en Cardenal Cagliero, les dio una pista firme: una mujer con esas características había estado viviendo allí pero hacia tiempo que se había ido a Carmen de Patagones

Una vez allí, la búsqueda tuvo la misma metodología: el puerta a puerta de las posibilidades.
"Aquí fue de volverse loco. A toda la gente que le he preguntado dándole las características nos ha dicho 'si, a esa señora la hemos visto, anda juntando cartones por la calle", y todas las personas nos dijeron lo mismo", dijo Marcela en aquella charla.

Pero todas esas personas a las que hizo referencia Marcela dan indicios contundentes en su esencia. Algunos aseguraron haberla visto bajar caminando de la zona de la villa Lynch hacia el centro y otros dicen haberla visto sacando piedritas de la vía del tren.
"Fuimos al basural tres veces y a ver varias señoras acá, pero nada -dice Marcela- y te digo que siento una impotencia tan grande porque mi madre pudiese andar así y no poder encontrarla"

¿Cambio de cuerpos?

La historia de Jobina Gonzalez tiene muchos puntos oscuros y enigmas no resueltos. La búsqueda de sus familiares incluye el asesoramiento de un equipo de abogados de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.
El equipo de profesionales logró constatar que en el Juzgado Electoral no existe ningún registro pero aún no han logrado conseguir que el Instituto del Quemado responda los tres pedidos realizados en relación a la historia clínica de Jobina.
Pero más allá de toda la situación, extraña y a la vez confusa, los tiempos en los que los hechos ocurren deja lugar a dudas y sospechas varias.

Marcela lo puso en evidencia y formuló su hipótesis: "Mi madre tiene el accidente poco antes de la dictadura, y pensamos que puede haber sucedido algún accidente con alguna persona con algún puesto político alto, o algo así. Y para hacer desaparecer ese cuerpo del lugar podrían haber dicho "Bueno, hacemos desaparecer esta cordobesa".
En aquella charla con Marcela ella sostuvo que la búsqueda no se había terminado asegurando que el paso siguiente sería el pedido a las autoridades para lograr que la justicia autorice el ADN a aquel cadáver enterrado en un cementerio de Córdoba.

"Hace 33 años que estamos llorando esa tumba y no sabemos si es nuestra madre o no. No damos mas; nos dicen que la han visto, que anda como ciruja. Nosotros nos criamos sin madre. Te juro que me voy tan vacía que solo dios sabe como estoy ", fueron las últimas palabras de Marcela en aquella tarde calurosa de febrero.